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Expertos vinculan el entorno con la fatiga diaria

La sensación de cansancio persistente se ha convertido en una queja habitual en la vida cotidiana, ya que, según la Sociedad Española de Neurología (SEN), el 48% de la población adulta española no disfruta de un sueño de calidad. Muchas personas comienzan el día con falta de energía y experimentan una disminución del rendimiento a lo largo de la jornada. Sin embargo, esta fatiga no siempre se explica únicamente por dormir poco o trabajar demasiado.

Estudios desarrollados por la Universidad de Navarra junto a Biow, empresa de bioingeniería, apuntan a que el sueño es un proceso biológico esencial para la recuperación física, el equilibrio metabólico y la función cognitiva. Su calidad y continuidad influyen directamente en la energía diaria y en la capacidad del organismo para adaptarse al desgaste.

Durante el sueño, el organismo activa procesos esenciales de reparación celular, regulación de la inflamación y recuperación fisiológica. Cuando estos mecanismos no funcionan de forma eficiente, pueden aparecer cansancio persistente, menor capacidad de concentración y dificultades para recuperarse.

Uno de los factores más relacionados con la pérdida de vitalidad es el estrés oxidativo, un desequilibrio entre radicales libres y antioxidantes que puede afectar al funcionamiento celular. Cuando se mantiene en el tiempo, se asocia al envejecimiento biológico y a una menor capacidad de recuperación del organismo.

En los últimos años, la investigación también ha puesto el foco en el entorno en el que se descansa. Algunos estudios sugieren que determinados factores ambientales pueden influir en el funcionamiento de las mitocondrias, responsables de producir la energía celular.

Este enfoque ha dado lugar al concepto de exposoma, que engloba todas las exposiciones ambientales que afectan a la salud a lo largo de la vida. En este contexto han surgido soluciones tecnológicas como Biow, desarrolladas para optimizar las condiciones ambientales del dormitorio y favorecer factores relacionados con la respiración y la calidad del descanso, influyendo directamente en la producción de energía celular y en los mecanismos de protección frente al daño oxidativo.

La evidencia científica actual indica que la fatiga es el resultado de múltiples factores que interactúan entre sí, entre ellos la calidad del sueño, el equilibrio hormonal, el estrés oxidativo y el entorno. Por ello, mejorar la energía diaria no siempre implica realizar un mayor esfuerzo, sino optimizar las condiciones en las que el organismo lleva a cabo sus procesos naturales de recuperación.

Javier González

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