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El Día del Daño Cerebral Adquirido pone de relieve la necesidad de una rehabilitación integral y prolongada

El centro, referente en Andalucía, se suma a la efeméride para visibilizar la realidad de los pacientes y poner en valor el acompañamiento de sus familias

Con motivo del Día del Daño Cerebral Adquirido (DCA), el Centro de Rehabilitación de Daño Cerebral CRECER se suma un año más a esta jornada de sensibilización para recordar que, detrás de cada lesión cerebral, hay una persona cuya vida cambia de manera repentina y una familia que debe afrontar una nueva realidad para la que, en muchas ocasiones, no está preparada.

El daño cerebral adquirido puede tener consecuencias en la movilidad, el lenguaje, la memoria, la atención, la conducta, las emociones y la autonomía personal. Cada caso es diferente y requiere una respuesta adaptada a las necesidades de la persona, a su evolución y a su entorno. Por ello, CRECER, centro referente en rehabilitación de Daño Cerebral en Andalucía desde hace cerca de 30 años, insiste en la importancia de contar con un tratamiento especializado, individualizado y continuado en todas las fases del daño cerebral adquirido, desde los primeros momentos de la rehabilitación hasta las etapas posteriores, cuando siguen existiendo objetivos que alcanzar y capacidades que recuperar o compensar.

La conmemoración constituye una oportunidad para dar visibilidad a una realidad que no termina cuando el paciente recibe el alta hospitalaria. CRECER recuerda que la recuperación puede ser un proceso largo, con avances y dificultades, que exige coordinación profesional, seguimiento y apoyo para que cada persona pueda desarrollar al máximo sus capacidades y recuperar, en la medida de lo posible, su proyecto de vida.

Desde CRECER se resalta que la rehabilitación no consiste únicamente en trabajar las secuelas físicas, sino también en abordar las dificultades cognitivas, comunicativas, emocionales y funcionales que pueden aparecer tras una lesión cerebral. El centro lleva cerca de tres décadas aplicando protocolos a sus pacientes que los ayudan a trabajar en la rehabilitación que les permitirá recuperar capacidades.

El objetivo, con este trabajo que se diseña y se planifica de manera individualizada en función de cada caso, es favorecer la autonomía de los pacientes, mejorar la calidad de vida y facilitar la participación de cada uno de ellos en su entorno familiar, social y cotidiano. Para ello, resulta fundamental adaptar los objetivos terapéuticos a cada situación, respetar los ritmos de evolución y trabajar desde las capacidades conservadas, sin perder de vista las necesidades que van surgiendo a lo largo del proceso.

Las familias como clave

El daño cerebral adquirido no afecta únicamente a quien lo sufre. También transforma la vida de sus familiares, que con frecuencia deben asumir nuevas responsabilidades, reorganizar su día a día y aprender a relacionarse con cambios físicos, cognitivos, conductuales o emocionales que no siempre son fáciles de comprender.

Por este motivo, el acompañamiento familiar constituye una dimensión fundamental de la atención, una de las claves del progreso en los resultados. Comprender las secuelas, conocer las herramientas para afrontar las dificultades cotidianas y aprender estrategias para favorecer la autonomía de la persona afectada son aspectos que contribuyen a mejorar la convivencia y el bienestar de todo el entorno.

CRECER sitúa a las familias como parte esencial del proceso de rehabilitación, reconociendo la importancia de ofrecerles orientación y apoyo durante las distintas etapas. Porque cuidar a una persona con daño cerebral adquirido también implica atender las necesidades de quienes la acompañan, facilitarles recursos y ayudarles a afrontar una situación que puede prolongarse en el tiempo.

Uno de los mensajes centrales que CRECER quiere trasladar con motivo de esta jornada es que las necesidades de una persona con daño cerebral adquirido no desaparecen después de la fase hospitalaria, sino todo lo contrario: La evolución puede requerir tratamientos prolongados, nuevas intervenciones y apoyos que se adapten a los cambios que experimentan tanto el paciente como su familia.

La jornada recuerda que la atención no debe detenerse cuando termina una etapa, sino continuar allí donde la persona siga necesitando apoyo para recuperar capacidades, ganar autonomía y construir nuevas oportunidades.

Javier González

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