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El mal descanso afecta al metabolismo y aumenta el riesgo de enfermedades

Dormir mal pasa factura y aumenta el riesgo de obesidad, diabetes e hipertensión

La Dra. Andrea Gómez Moroney, responsable de Medicina del Sueño de Olympia Quirónsalud, alerta del impacto del insomnio y la apnea en la salud cardiovascular y metabólica.

Madrid, 13 de marzo de 2026.- Con motivo del Día Mundial del Sueño, que se celebra cada 13 de marzo, los especialistas recuerdan que dormir bien no es un lujo, sino una necesidad biológica esencial para la salud. Esta jornada tiene como objetivo concienciar sobre los trastornos del sueño, su impacto en la calidad de vida y la importancia de un diagnóstico y tratamiento adecuados.

La Dra. Andrea Gómez Moroney, responsable del Servicio de Medicina del Sueño de Olympia Quirónsalud, subraya que “el sueño es uno de los pilares fundamentales de la salud, al mismo nivel que la alimentación equilibrada o el ejercicio físico”.

Dra. Andrea Gómez Moroney

“Cuando dormimos, el organismo activa procesos esenciales: se reparan tejidos, se regula el metabolismo, se fortalece el sistema inmunológico y se consolida la memoria”, explica la especialista. Durante la noche, el cerebro organiza y procesa la información acumulada a lo largo del día.

Dormir poco o mal, advierte, incrementa a largo plazo el riesgo de desarrollar enfermedades como diabetes, hipertensión arterial u obesidad. Además, en el corto plazo, provoca menor energía, irritabilidad y dificultades de concentración. “El sueño no es tiempo perdido; es salud preventiva”, recalca.

Insomnio y apnea: los trastornos más frecuentes

Entre los trastornos más habituales en la población adulta destacan el insomnio —que puede afectar hasta al 20-30% de las personas—, la apnea obstructiva del sueño y el síndrome de piernas inquietas.

Estos problemas pueden generar cansancio crónico, problemas de memoria, bajo rendimiento e irritabilidad. Si se prolongan en el tiempo, aumentan el riesgo cardiovascular y pueden favorecer la aparición de ansiedad o depresión.

“Muchas personas normalizan dormir mal. Pero cuando el descanso deja de ser reparador y empieza a pasar factura durante el día, es momento de consultar”, señala la doctora.

Señales de alarma que no deben ignorarse

La somnolencia diurna persistente, despertarse con sensación de no haber descansado, la dificultad para concentrarse o los ronquidos intensos son algunas de las señales que requieren valoración médica.

En el caso de la apnea del sueño, el diagnóstico precoz es muy importante. “Las apneas provocan descensos repetidos de oxígeno y microdespertares que fragmentan el sueño. Si no se trata, puede derivar en hipertensión, alteraciones metabólicas y un mayor riesgo de accidentes por somnolencia”, explica la Dra. Gómez Moroney.

La falta de descanso altera la regulación de la glucosa, favorece la resistencia a la insulina y mantiene activado el sistema nervioso simpático. Esta combinación contribuye a un estado inflamatorio sostenido que incrementa el riesgo de obesidad, diabetes tipo 2 e hipertensión.

“El impacto del mal sueño es sistémico. Afecta a todo el organismo y especialmente a la salud cardiovascular”, advierte.

La doctora destaca que en consulta observa un aumento de cuadros de insomnio relacionados con el estrés y el uso nocturno de dispositivos electrónicos.

“La luz de las pantallas retrasa la secreción de melatonina y altera nuestro ritmo circadiano. Además, responder mensajes o consultar redes sociales mantiene al cerebro en un estado de activación que dificulta conciliar el sueño”, explica la neurofisióloga.

La relación entre sueño y salud mental es bidireccional: dormir mal puede favorecer la ansiedad y la depresión, y estos trastornos, a su vez, alteran el descanso. “En muchos pacientes, tratar el problema de sueño mejora notablemente los síntomas emocionales”, destaca.

Recomendaciones básicas para proteger el descanso

La Dra. Andrea Gómez Moroney insiste en la importancia de una buena higiene del sueño:

Mantener horarios regulares para acostarse y levantarse

Crear un ambiente adecuado: oscuridad, silencio y temperatura confortable

Reducir el uso de pantallas antes de dormir

Evitar cenas copiosas, cafeína, alcohol o ejercicio intenso en las horas previas

Reservar la cama exclusivamente para dormir

“El descanso de calidad es una inversión directa en salud presente y futura”, concluye.

Javier González

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Javier González

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